A todos
Primera Parte.
Sucedió hace algunas noches, me descubrí solo caminando a la orilla de Thames, lo bello del panorama no hace de esto una tarea difícil, así, sentado en una banca, tomé un poco de tabaco y preparé un cigarrillo de forma irregular que por poco pasó por aceptable, estaría ahí un par de horas dedicándome únicamente a mirar a las personas que pasaban, un par de borrachos cantando casi dieron un toque alegre al ambiente. Es curioso como los momentos de reflexión suelen ser por las noches, supongo porque su oscuridad nos esconde del resto de la gente y sus miradas inquisitivas.
Para el segundo cigarro llegó la melancolía, alguien sabio dijo que ésta era estar feliz por estar triste, y así fue cuando los recordaba a todos ustedes, no sus caras ni sus voces, recordé momentos, risas y a veces con una que otra lagrima, amores imposibles y promesas, pasó por mi cabeza aquel pequeño café donde tenía ya mi mesa y todos me conocían, lo raro es que no extrañé nada de esto, no quise entonces verlos ni llamarlos, porque sé que estarán ahí el día que decida volver, que me regalarán seguramente un abrazo y un bienvenido con el que estaré en casa nuevamente. Es un poco tonto escribir estas líneas con tan sólo cinco meses de ausencia, no es mucho tiempo, y para ser honesto estando lejos parece que los días solo duran unas cuantas horas.
El humo de aquel cigarro maloliente se volvió nada, o mejor dicho, se volvió todo al disolverse en el aire. Otra cosa que no entiendo de las noches es ¿porqué lo primero que pensamos es en lo que no tenemos?, a mi me sucede, uno desea por un momento ser otra persona, tener otras virtudes, se recuerda lo que se perdió, un beso, una caricia, las palabras, y de este modo se olvida lo que tenemos, lo que somos. Durante las noches nos volvemos como ese humo sin cuerpo ni forma, intangible, existe únicamente porque lo vemos y olemos, nuestros sentidos nos dicen que está pero no es nada, solo algo que se revolverá con el resto, meditamos, en todo y en nada, ¿cómo si así encontráramos una respuesta?, algunos poetas encuentran en ella a la mayor musa, ¡que estúpidos! A ella hay que buscarla a plena luz del día, para verla como es.
Seguí así un buen rato más, los deseos, por desgracia, llegaron con mayor fuerza que los recuerdos, y luego, aquella felicidad estando triste se sumó al sentimiento de quererlo todo sólo para echarlo a la basura como un vil desperdicio, me hallé como humano, arrogante, soberbio y codicioso, quise querer y ser querido por igual, besar de nuevo aquellos u otros labios en los que pudiera reconocer amor y me brindaran protección y celos, otra ves, mi condición de hombre impuso a la razón, débil y dependiente. No he aprendido mucho por lo visto, y no lo haré pronto, no aquí en este mundo de juguete.
En este punto se consumió por completo aquel cigarro, y no vi motivo para continuar sentado en aquella banca, aun era temprano y si corría podía tomar el último bus de la tarde para unirme a la fiesta.
Richmond, Londres, Inglaterra
Noviembre 02, 2007
J.P.R.A.
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